Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia. Mostrar todas las entradas

sábado, 12 de febrero de 2011

La noble sencillez de las vestimentas litúrgicas

Por Uwe Michael Lang, C.O.

La tradición sapiencial bíblica aclama a Dios como “el mismo autor de la belleza” (Sab 13,3), glorificandolo por la grandeza y la belleza de las obras de la creación. El pensamiento cristiano, partiendo sobre todo de la Sagrada Escritura, pero también de la filosofía clásica como auxiliar, desarrolló la concepción de la belleza como categoría teológica.
Esta enseñanza resuena en la homilía del Santo Padre Benedicto XVI durante la Santa Misa con dedicación de la iglesia de la Sagrada Familia en Barcelona (7 de noviembre de 2010): “La belleza es también reveladora de Duis porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo”. La belleza divina se manifiesta de forma totalmente particular en la sagrada liturgia, también a través de las cosas materiales de las que el hombre, hecho de alma y cuerpo, tiene necesidad para alcanzar las realidades espirituales: el edificio del culto, los adornos, las vestiduras, las imágenes, la música, la propia dignidad de las ceremonias.
Debe leerse a propósito el quinto capítulo sobre el “Decoro de la celebración litúrgica” en la última encíclica Ecclesia de Eucharistia del papa Juan Pablo II (17 abril 2003), donde afirma que Cristo mismo quiso un ambiente digno y decoroso para la Ultima Cena, pidiendo a los discípulos que la prepararan en la casa de un amigo que tenía una “sala grande y dispuesta” (Lc 22,12; cf. Mc14,15). La encíclica recuerda también la unctio de Betania, un acontecimiento significativo que precedió a la institución de la Eucaristía (cf. Mt 26; Mc 14; Jn 12). Frente a la protesta de Judas de que la unción con óleo precioso constituía un “derroche” inaceptable, vistas las necesidades de los pobres, Jesús, sin disminuir la obligación de la caridad concreta hacia los necesitados, declara su gran aprecio por el acto de la mujer, porque su unción anticipa “ese honor del que su cuerpo seguirá siendo digno también después de la muerte, indisolublemente ligado como lo está al misterio de su Persona” (Ecclesia de Eucharistia, n. 47). Juan Pablo II concluye que la Iglesia, como la mujer de Betania, “no ha temido 'derrochar' invirtiendo lo mejor de sus recursos para expresar su estupor adorante frente al don inconmensurable de la Eucaristía” (ivi, n. 48). La liturgia exige lo mejor de nuestras posibilidades, para glorificar a Dios Creador y Redentor.
En el fondo, el cuidado atento de las iglesias y de la liturgia debe ser una expresión de amor por el Señor. Incluso en un lugar donde la Iglesia no tenga grandes recursos materiales, no se puede descuidar este deber. Ya un papa importante del siglo XVIII, Benedicto XIV (1740-1758) en su encíclica Annus qui (19 de febrero de 1749), dedicada sobre todo a la música sacra, exhortó a su clero a que las iglesias estuviesen bien mantenidas y dotadas de todos los objetos sagrados necesarios para la digna celebración de la liturgia: “Debemos subrayar que no hablamos de la suntuosidad y de la magnificiencia de los sagrados Templos, ni de la preciosidad de los sagrados adornos, sabiendo también Nos que no se pueden tener en todas partes. Hemos hablado de la decencia y de la limpieza que a nadie es lícito descuidar, siendo la decencia y la limpieza compatibles con la pobreza”.
La Constitución sobre la sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II se pronunció de un modo similar: “al promover y favorecer un arte auténticamente sacro, busquen más una noble belleza que la mera suntuosidad. Esto se ha de aplicar también a las vestiduras y ornamentación sagrada” (Sacrosanctum Concilium, n. 124). Este pasaje se refiere al concepto de la “noble sencillez”, introducido por la misma Constituciónen el n. 34. Este concepto parece originario del arqueólogo e historiador del arte alemán Johann Joachim Winckelmann (1717-1768), según el cual la escultura clásica griega se caracterizaba por “noble sencillez y serena grandeza”. Al inicio del siglo XX el conocido liturgista inglés Edmund Bishop (1846-1917) describía el “genio del Rito Romano” como distinguido por la sencillez, sobriedad y dignidad (cf. E. Bishop, Liturgica Historica, Clarendon Press, Oxford 1918, pp. 1-19). A esta descripción no le falta mérito, pero hay que estar atentos a su interpretación: el Rito Romano es “sencillo” frente a otros ritos históricos, como los orientales, que se distinguen por su gran complejidad y suntuosidad. Pero la “noble sencillez” del Rito Romano no se debe confundir con una malentendida “pobreza litúrgica” y un intelectualismo que pueden llevar a arruinar la solemnidad, fundamento del Culto divino (cf. la contribución esencial de santo Tomás de Aquino en la Summa Theologiae III, q. 64, a. 2; q. 66, a 10; q. 83, a. 4).
De estas consideraciones resulta evidente que las vestiduras sagradas deben contribuir “al decoro de la acción sagrada” (Ordenamiento General del Misal Romano, n. 335), sobre todo “en la forma y en la materia usada”, pero también, aunque de forma mesurada, en los ornamentos (ivi, n. 344). El uso de las vestiduras litúrgicas expresa la hermenéutica de la continuidad, sin excluir ningún estilo histórico particular. Benedicto XVI proporciona un modelo en sus celebraciones, cuando viste tanto las casullas de estilo moderno como, en alguna ocasión solemne, las “clásicas”, usadas también por sus predecesores. Así se sigue el ejemplo del escriba, convertido en discípulo del reino de los cielos, comparado por Jesús con un cabeza de familia que saca de su tesoro nova et vetera (Mt 13,52).

Un libro sobre la Generación JMJ

25 años de la Jornada Mundial de la Juventud, 25 historias personales
Madrid acogerá el encuentro para jóvenes más importante del mundo, convocado por Benedicto XVI. La capital española  espera a dos millones de personas de todo el mundo para participar en la XXVI Jornada Mundial de la Juventud.
Muchos de estos jóvenes han visto transformadas radicalmente sus vidas y lo atribuyen a la participación en estos encuentros, son la Generación JMJ. Se acaba de editar un libro que retrata a esta generación a través de testimonios y trata de responder a los interrogantes que suscitan estos encuentros.
Después de 25 años de jornadas dedicadas a los jóvenes en la Iglesia ¿qué siguen buscando tantos de ellos? ¿Por qué les atrae el mensaje de la Iglesia católica? ¿Qué se hace en un evento como este? ¿Para qué sirve? ¿Quiénes los iniciaron?
Un libro recién editado por Cobel, cuya autora es Cristina Larraondo Erice, se recoge 25 testimonios que revelan la existencia de una auténtica revolución en el seno de la Iglesia. Millones de jóvenes han participado ya en las JMJ y su vida ha cambiado. Entre otros, se recoge el testimonio de un matrimonio holandés, un sacerdote japonés, una estudiante norteamericana, una religiosa contemplativa española, una política de Mali, un seminarista británico, una ejecutiva de Indonesia, un periodista de Togo. Todos ellos pertenecen a la Generación JMJ.
El libro incluye el testimonio inédito del único obispo que ha organizado dos JMJ y participado en este acontecimiento desde sus orígenes: el cardenal arzobispo Antonio María Rouco de Madrid.
En el capítulo tres, se relata la historia de un matrimonio holandés cuyo mutuo amor surgió a orillas del Rin, en la JMJ de Colonia 2005. Son Pascal y Eva Kolk, 34 y 29 años. Eva dejó la práctica católica a los quince años y a los diecisiete dejó de estudiar aunque seguía en búsqueda.
Un día decidió hacer el Stille Omgang por Amsterdam, un recorrido que en el siglo XVI sustituía a las procesiones católicas cuando fueron prohibidas tras la reforma protestante. Rezó a Dios y le pidió que le mostrara el sentido de su vida. Se dio cuenta de que quería ser policía y empezó de nuevo a estudiar. Se siente feliz en su profesión.
Un día de enero de 2005, su abuela Grard le dijo si le gustaría asistir a la JMJ de agosto en Colonia.
“Es una mujer muy religiosa y me confesó –relata Eva- ¡que le encantaría ser más joven para acudir al encuentro con el Papa! Quería que yo pudiese disfrutar de una experiencia así y me prometió que me pagaría el viaje. Pero hacía muchos años que yo no ponía un pie en la iglesia y le dije que no me apetecía ir”.
A los pocos días, repensó la invitación y se dijo que no tenía nada que perder y que, si no le gustaba el ambiente, volvería a Holanda. Sus amigos empezaron a gastarle bromas cuando se lo contó. Se apuntó al plan conjunto de su diócesis, Rotterdam, y la de Haarlem. Realizarían el viaje en barco.
Cuando llegó el momento de zarpar, se encontró con la sorpresa de que en el barco ¡viajaban más de doscientos jóvenes! Les dividieron en pequeños grupos con un responsable cada uno. El jefe de su grupo era su párroco, al que no conocía. Empezaron a tener reuniones en las que compartían “sin rubor –subraya Eva--, a pesar de que no nos habíamos visto antes, sentimientos íntimos, dudas de fe, inquietudes… Yo era la única que tenía una noción muy precaria de la fe católica, pero todos me acogieron muy bien y me hicieron sentir muy a gusto”.
“Pronto me fijé en un chico, Pascal, pero decidí no interesarme demasiado por él porque estaba un poco harta de los hombres. Mi experiencia del amor no había sido buena, siempre había terminado herida y ahora prefería estar sola. Además, en Colonia quería centrar mi vida en otros aspectos. Pero Pascal y yo conectábamos muy bien y nos reíamos mucho juntos. Cuando comenzó a preguntarme demasiadas cosas personales le dejé claro que aquel no era el momento adecuado para el amor. Enseguida me arrepentí porque empezaba a sentir algo muy fuerte por él”, relata Eva.
El 17 de agosto, víspera de la llegada del Papa, decidieron escaparse a comer a un restaurante de comida rápida. Hablaron de todo menos de sus sentimientos. “Yo tenía miedo de dar el primer paso y ser rechazada por él. Pero, de vuelta al barco, sucedió lo inevitable y nos cogimos de la mano. Desde entonces Pascal y yo no nos hemos separado. Nos casamos el 4 de septiembre de 2008”.
Benedicto XVI entró en Colonia en un barco que pasó muy cerca del suyo, así que le pudo ver muy bien. “Fue un momento increíble: el sol brillaba en el cielo, miles de personas le esperaban en las orillas del Rin, jóvenes sonrientes cantaban y le aclamaban a su paso”.
“La JMJ de Colonia me cambió totalmente. Practicar la fe no siempre es fácil para mí; en ocasiones la veo como una lucha demasiado dura. Pero en la JMJ comprendí que Dios siempre está ahí, y que ha estado junto a mí durante toda mi vida aunque yo le había ignorado porque pensaba que no le necesitaba. Mi abuela tuvo mucho ojo: sabía que yo no era feliz y quiso que experimentara la alegría de la fe. Le estoy muy agradecida porque, además, por su empeño conocí a Pascal, el amor de mi vida”, concluye Eva.
Pascal, nació en 1976 en Amsterdam y trabaja en un banco holandés. Es católico practicante desde siempre, aunque su fe, relata, “se ha movido como el vaivén de una ola”. “Unas veces ha sido importante en mi vida, otras menos; en ocasiones me ha supuesto mucho esfuerzo practicarla, en otras ha sido una bendición”.
En 2004, hubo en su ciudad una gran campaña publicitaria de la JMJ de Colonia. Pascal estuvo en las de París y Toronto, así que no veía la necesidad de ir a una tercera. Pero, según se acercaba la fecha, le entró el gusanillo “¡y en el último momento me apunté con el grupo de mi diócesis!”, relata.
“No tenía novia: las cosas no me habían ido muy bien en ese sentido en los últimos años”, dice. En el barco, le impresionaron “los testimonios de vida tan sinceros que los diez jóvenes de mi equipo iban contando a los demás, a los que apenas conocían”. “Una de las chicas del grupo era Eva: desde el primer momento nos encontramos muy a gusto juntos”, reconoce.
Pascal añade a lo que relata su esposa: “Ambos queríamos tener alguna prueba de que estábamos hechos el uno para el otro. Puede parecer una tontería pero a Eva, que le encantan las mariposas, no le pasaron desapercibidas unas cuantas que volaron varias veces a nuestro lado… ¡algo realmente extraño en pleno mes de agosto en Colonia! Y en cuanto a mí, que soy fan de los tractores, me pareció increíble que, cada vez que me sentaba con Eva junto al Rin, ¡pasaban barcos cargados con tractores!”.
“Fuera de bromas, los dos estamos seguros de que fue Dios quien nos puso juntos en el camino en cuanto le abrimos nuestros corazones”.
“Vivir una JMJ enamorado fue una experiencia maravillosa. Nunca olvidaré la primera misa en la que estuvimos juntos como pareja: recuerdo el precioso sermón del obispo de Paramaribo, Surinam –recuerda--. Sus palabras, junto con mis sentimientos hacia Eva, me llenaron de una enorme alegría. Tres años después nos casó el sacerdote guía de nuestro grupo”.
“Es una suerte compartir la fe con mi esposa: es un valor añadido a nuestro matrimonio. En la JMJ descubrí también que hay muchos jóvenes en el mundo dichosos de vivir la fe católica; saber que ellos están ahí, que yo no estoy sólo, me llena de fuerza cada día”.

martes, 2 de noviembre de 2010

Silenciar la voz de la religión

Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel

VER

Estamos enfrascados en una serie de discusiones repetitivas sobre el papel de la religión en la vida pública, en la política y la economía, en los ámbitos legislativos y judiciales, en la educación y en los medios de comunicación. Son frecuentes las acusaciones a nuestra Iglesia de querer imponer dogmas y normas al país, de pretender intervenir en asuntos políticos, de violar el Estado laico, de no respetar la separación Iglesia-Estado, y nos recuerdan lo dicho por Jesús de que "al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", como si les importara mucho la Palabra de Dios, o como si nosotros fuéramos los desobedientes al mandato divino, o como si nos tuviera que dejar inactivos y callados la pretensión de algunos césares actuales (gobernantes, líderes políticos y legisladores) de creerse dioses, ante quienes todos deben doblar la rodilla. Ellos son los primeros en no darle a Dios lo que es de Dios.
Es más frecuente la postura de aquellos que siguen defendiendo que su fe es para su vida privada y que nada tiene que ver con el ejercicio de sus funciones públicas. Lo dicen con una real convicción, como si conocieran muy a fondo lo que implica la fe cristiana, que no se puede encerrar en el círculo íntimo de la conciencia y del hogar, sino que engloba toda la vida, todos los criterios y todos los comportamientos. Esto parece más bien fruto de ignorancia religiosa o de conveniencia electorera.

JUZGAR
En su muy reconocido discurso ante el Parlamento británico, el Papa Benedicto XVI expresó: "El mundo de la razón y el mundo de la fe -el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas- necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización.
En otras palabras, la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional. Desde este punto de vista, no puedo menos que manifestar mi preocupación por la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia. Hay algunos que desean que la voz de la religión se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada. Hay quienes esgrimen que la celebración pública de fiestas como la Navidad debería suprimirse según la discutible convicción de que ésta ofende a los miembros de otras religiones o de ninguna. Y hay otros que sostienen -paradójicamente con la intención de suprimir la discriminación- que a los cristianos que desempeñan un papel público se les debería pedir a veces que actuaran contra su conciencia. Éstos son signos preocupantes de un fracaso en el aprecio no sólo de los derechos de los creyentes a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, sino también del legítimo papel de la religión en la vida pública. Quisiera invitar a todos ustedes, por tanto, en sus respectivos campos de influencia, a buscar medios de promoción y fomento del diálogo entre fe y razón en todos los ámbitos de la vida nacional" (17-IX-2010).
Y en su encuentro con la Reina Isabel II, dijo: "Al reflexionar sobre las enseñanzas aleccionadoras del extremismo ateo del siglo XX, jamás olvidaremos cómo la exclusión de Dios, de la religión y de la virtud en la vida pública, conduce finalmente a una visión sesgada del hombre y de la sociedad y, por lo tanto, a una visión restringida de la persona y de su destino" (16-IX-2010).

ACTUAR
Alentamos a los que tienen responsabilidades políticas y sociales, si se reconocen creyentes en Cristo, que se acerquen más a El ahora, y no se queden con el Bautismo y quizá la Primera Comunión de cuando eran niños. Que lo conozcan y se relacionen más con El. El no es enemigo, sino amigo, camino, verdad, luz y vida. No escondan su creencia, sino demuéstrenla, no sólo participando en la Misa dominical y en otros ritos, sino sobre todo ejerciendo la justicia social, amando por encima de todo la verdad, venciendo la corrupción, dialogando con quienes piensan distinto, para llegar a acuerdos consensuados, amando y sirviendo a los pobres.




martes, 31 de agosto de 2010

La colina de Taizé

Por Giovanni Maria Vian

Era el 20 de agosto de 1940, hace setenta años, cuando Roger Schutz llegó por primera vez a Taizé. En aquel verano de guerra en la Francia sometida por el invasor, ciertamente el joven pastor calvinista suizo no podía imaginar que en un futuro no tan lejano -ya durante la década de 1950- otros jóvenes europeos, muchos y después muchísimos, iban a subir a esa colina en el corazón de Borgoña, en una región rural ondulada y dulce en cuyo horizonte corren a menudo grandes nubes. Al principio llegaban espontáneamente, como él, quizá en autostop, luego de todo el continente en grupos organizados, sobre todo durante el verano o en Pascua.

En el calendario litúrgico el 20 de agosto es la fiesta de san Bernardo, que vivió en Cîteaux, no muy distante de Taizé, que a su vez se encuentra a pocos kilómetros de Cluny: bajo el signo de reformas monásticas que han marcado la historia de la Iglesia. Y ya en 1940 el joven Schutz comenzó a acoger a refugiados y judíos, pensando en un proyecto de vida común con algunos amigos, que inició dos años más tarde en Ginebra por la imposibilidad de quedarse en Francia. Regresó a Taizé durante la guerra, y reanudó la acogida, esta vez de prisioneros alemanes y de niños huérfanos. Quien llega hoy encuentra un pequeño bungalow, un poco más allá de las antiguas casas y la pequeña iglesia románica, rodeada por un minúsculo cementerio, y una acogida que encarna la antigua hospitalidad en el nombre de Cristo inscrita en la Regla de san Benito.

Precisamente la vocación monástica había atraído siempre a Roger y a sus compañeros, todos de origen protestante, pero sensibles a la riqueza de las distintas corrientes cristianas y que se comprometieron ya en 1949 a una forma de vida común en el surco de la espiritualidad benedictina y de la ignaciana, delineada algunos años más tarde en la Regla de Taizé. En ese mismo año el hermano Roger fue recibido por Pío XII junto con uno de sus primeros compañeros, Max Thurian, mientras que desde 1958 sus encuentros con el Papa -Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II, que en 1986 estuvo en la colina- se convirtieron en una costumbre anual, expresando una cercanía que llevó, desde finales de la década de 1960, a la entrada en la comunidad de un número creciente de católicos. Y el hermano Roger, ya varios años antes de su asesinato a manos de una desequilibrada el 16 de agosto de 2005, designó a un joven católico alemán, Alois Löser, como su sucesor en la guía de la comunidad.

En 1962 el prior, con algunos hermanos, comenzó en el más absoluto secreto una serie de visitas a algunos países del Este europeo, mientras que en agosto se inauguró en Taizé una moderna Iglesia de la Reconciliación. Un espacio muy grande -pero que pronto hubo que ampliar, al principio con carpas, para hospedar a las miles de personas que acudían en las semanas de verano- predispuesto para la oración tres veces al día en varios idiomas. Con los largos momentos de silencio y cantos meditativos ahora muy difundidos, estas tres citas diarias eran lo que impresionaba profundamente a quienes llegaban por primera vez a la colina.

Para la apertura de un "concilio de los jóvenes" en agosto de 1974 llegaron a Taizé más de cuarenta mil de toda Europa, alojados en un campamento de tiendas, en una precariedad agravada por una lluvia torrencial. Entre ellos pasaba imperturbable el cardenal Johannes Willebrands, enviado por Pablo VI, hablando con amabilidad a los jóvenes de poco más de veinte años que se le acercaban, manchados de barro y cansados, pero impresionados por la apuesta ecuménica de la comunidad. A ellos, durante décadas, en el surco de la grande tradición cristiana, el hermano Roger dirigía cada tarde una breve meditación, y después de la oración se detenía a acoger y escuchar a quienes querían hablarle o sólo acercarse a él.
Esta fue, en los años de la contestación juvenil y del alejamiento de muchos de la fe, la revolución de Taizé. Lucha y contemplación había decidido titular el diario de aquellos años el prior, mientras la comunidad comenzaba una "peregrinación de confianza" en los distintos continentes. Buscando la reconciliación y compartir las pobrezas del mundo, reavivando la fe casi apagada en numerosos contextos de Europa central, sosteniendo su llamita en los países sofocados por el comunismo, acostumbrando a muchos jóvenes católicos a una apertura todavía más amplia.

Taizé nunca quiso constituir un movimiento, pero siempre impulsó a comprometerse en las parroquias y en las realidades locales: practicando la acogida, alentando a los pacíficos de la bienaventuranza evangélica, trabajando para la unión entre las Iglesias y las comunidades de los creyentes en Cristo, mostrando la vitalidad y la eficacia de un camino ecuménico espiritual. Que sepa reconciliar en sí mismo -el hermano Roger, notre frère, lo había aprendido de joven y lo testimonió durante toda la vida, auténtico pionero de un "ecumenismo de la santidad" como ha escrito el cardenal Bertone en nombre de Benedicto XVI- las riquezas de las distintas confesiones cristianas: la atención a la Biblia subrayada en el protestantismo, el esplendor de la liturgia ortodoxa, la centralidad de la Eucaristía católica. Delante de la cual en Taizé brilla siempre una lucecita que significa la adoración del único Señor.

lunes, 28 de junio de 2010

El pensamiento social católico: una verdad incómoda

El analista económico Edward Hadas refuta críticas de la derecha a la “Caritas in veritate”

Muchos intelectuales católicos americanos, y algunos británicos, han creído durante mucho tiempo que la Iglesia debía permanecer firmemente a la derecha en casi todas las cuestiones políticas y económicas. En los Estados Unidos, sus enfoques pueden encontrarse en la National Review y en First Things. En el Reino Unido, el Institute for Economic Affairs es un grupo de reflexión simpatizante.
Este enfoque tiene dos grandes problemas. En primer lugar, es erróneo. El Magisterio, desde la encíclica Rerum Novarum de 1891, ha apoyado con consistencia muchas ideas de izquierda: los derechos de los trabajadores, el valor de las autoridades internacionales, la virtud de compartir los bienes dentro y fuera de las fronteras políticas, la futilidad de la guerra, la necesidad de limitar las fuerzas del mercado. Incluso en su discurso de 1979 repudiando la matriz política-teológica marxista de la teología de la liberación, el papa Juan Pablo II recordó a los obispos de América Latina que “la paz interna e internacional sólo estará garantizada cuando se haga efectivo un sistema social y económico basado en la justicia”.
En segundo lugar, confunde la realidad. En un mundo de grandes gobiernos burocráticos y economías burocráticas altamente reguladas, pedir “mercados libres” es poco más que una fantasía utópica. Las críticas al estado del bienestar intervencionista y desmoralizador tienen más validez, pero esos programas sociales hacen mucho bien y no podrían ser eliminados sin poner en peligro el conjunto del orden social.

La debilidad del pensamiento de la derecha fue del todo evidente en su respuesta a la Caritas in veritate de Benedicto XVI. George Weigel, escribiendo en la National Review Online, explicó que el documento estaba escrito por dos manos, la del Papa y la del Consejo Pontificio Justicia y Paz. No tuvo tiempo para las supuestas contribuciones de este último.
Su queja se centra en el lema de la derecha: el libre mercado. El documento no lo apoya; de hecho, sugiere que la justicia conmutativa del libre intercambio no es una base suficientemente fuerte para una economía de éxito. La justicia que se da a través de un compartir impuesto (basado en los impuestos y en sistemas de prestaciones sociales del estado del bienestar) es mayor -desde el momento en que refleja un consenso de solidaridad social- pero todavía no es suficiente. Como corresponde a los hombres hechos a imagen de un Dios que ama libremente, es necesario algo más generoso:
“Cuando la lógica del mercado y la lógica del Estado se ponen de acuerdo para mantener el monopolio de sus respectivos ámbitos de influencia, se debilita a la larga la solidaridad en las relaciones entre los ciudadanos, la participación y el sentido de pertenencia, que no se identifican con el «dar para tener», propio de la lógica de la compraventa, ni con el «dar por deber», propio de la lógica de las intervenciones públicas, que el Estado impone por ley”.
“La victoria sobre el subdesarrollo requiere actuar no sólo en la mejora de las transacciones basadas en la compraventa, o en las transferencias de las estructuras asistenciales de carácter público, sino sobre todo en la apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad económica caracterizada por ciertos márgenes de gratuidad y comunión. El binomio exclusivo mercado-Estado corroe la sociabilidad, mientras que las formas de economía solidaria, que encuentran su mejor terreno en la sociedad civil aunque no se reducen a ella, crean sociabilidad. El mercado de la gratuidad no existe y las actitudes gratuitas no se pueden prescribir por ley. Sin embargo, tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al don recíproco” (39).

Según Weigel, pedir gratuidad es “espeso y confuso”, con el peligro de “un sentimentalismo confuso”. Esto es una tontería. El lenguaje podría no ser emotivo, pero el pensamiento es un claro desarrollo de las observaciones de Juan Pablo II en su gran encíclica social, Centesimus Annus: “Antes de la lógica de un intercambio de bienes y de formas de justicia apropiadas a él, existe algo que es debido al hombre porque es hombre, en virtud de su eminente dignidad” (35).

Weigel tiene razón al pedir más reflexión sobre lo que el “don” debería significar en el mundo grande y malo de la economía moderna. Pero se equivoca al sugerir que no significa nada. Sin dones ofrecidos libremente, no podría haber matrimonios, familias, escuelas, hospitales, iglesias ni fuerzas policiales. A menos que la actividad económica sea completamente diferente a los demás comportamientos humanos, debe estar marcada también por la gratuidad.
En su mayor parte, la crítica de la derecha sencillamente ignora el capítulo 6 de la Caritas in Veritate, El desarrollo de los pueblos y la técnica. Quizás esta declaración importante sobre un elemento clave de la sociedad moderna es demasiado europea y complicada. Para algunos de una cierta tendencia filosófica, este capítulo parece una respuesta del Magisterio al ensayo de Martin Heidegger de 1953 La cuestión de la técnica, que sugería que la moderna obsesión por la técnica había hecho que los hombres pensaran equivocadamente que podían controlar los misterios del ser.
A diferencia de Heidegger, el Papa ve muchos aspectos positivos en toda la técnica: “En la técnica se expresa y confirma la hegemonía del espíritu sobre la materia” (69). Como Heidegger, Benedicto ve algo malo en el intenso interés moderno por la tecnología. Puede ser una búsqueda de una “libertad absoluta” inexistente, que “desea prescindir de los límites inherentes a las cosas” (70). Benedicto explica por qué el rechazo a mostrar maravilla y gratitud al creador lleva a la degradación del medio ambiente, a los horrores de la bio-tecnología y a una aproximación limitada e instrumental de desafíos aparentemente no tecnológicos como la paz y la psicología.

La Caritas in Veritate es un documento remarcable. Ofrece un análisis unificado de los desafíos de la sociedad contemporánea. Como cabe esperar de un documento del magisterio ordinario de la Iglesia, también es una profunda base para la tradición de la doctrina social de la Iglesia y la antropología. La derecha que critica la encíclica parece perder puntos.

miércoles, 28 de abril de 2010

Benedicto XVI: Recuperar el rostro de la persona en internet

La Iglesia debe “recorrer los caminos del continente digital”

“Os exhorto a recorrer, animados por el valor del Espíritu Santo, los caminos del continente digital”, así habló el Papa Benedicto XVI el pasado sábado a los participantes en el Congreso Nacional Testigos digitales. Rostros y lenguajes en la era crossmediática, promovido por la Conferencia Episcopal Italiana.
“Nuestra confianza no está acríticamente depositada en instrumento alguno de la técnica – afirmó el Pontífice –. Nuestra fuerza está en ser Iglesia, comunidad creyente, capaz de testimoniar a todos la perenne novedad del Resucitado, con una vida que florece en plenitud en la medida en que se abre, entra en relación, se dona con gratuidad.”.
El Papa reconoció que en la época actual “conoce un enorme ensanchamiento de las fronteras de la comunicación, realiza una convergencia inédita entre los diversos medios de comunicación y hace posible la interactividad”.  La red manifiesta, por tanto, “una vocación abierta, tendencialmente igualitaria y pluralista”, pero al mismo tiempo “abre una nueva brecha”, que hoy se llama la “brecha digital”.
Esto “separa a los que están dentro de los que están fuera, y se añade a las demás brechas que ya alejan a las naciones entre sí y en su interior”.
Aumentan también “los peligros de homologación y de control, de relativismo intelectual y moral, ya bien reconocibles en la flexión del espíritu crítico, en la verdad reducida al juego de las opiniones, en las múltiples formas de degradación y de humillación de la intimidad de la persona”, una auténtica “contaminación del espíritu”.
Los cristianos, sin embargo, deben superar “esas dinámicas colectivas que pueden hacernos perder la percepción de la profundidad de las personas y aplanarnos sobre su superficie”, y que transforman a las personas en “cuerpos sin alma, objetos de intercambio y de consumo”. Es necesario volver a contemplar el “rostro” de cada persona, explicó el Papa.
“Los medios de comunicación se pueden convertir en factores de humanización”, cuando “están organizados y orientados a la luz de una imagen de la persona y del bien común”, y se centran “en la promoción de la dignidad de las personas y de los pueblos”, animados por la “caridad” y puestos “al servicio de la verdad, del bien y de la fraternidad natural y sobrenatural".
Sólo en estas condiciones “el cambio de época que estamos atravesando puede revelarse rico y fecundo en nuevas oportunidades”.
Misión digital
En este sentido, el Papa subrayó que la Iglesia tiene una importante misión en este campo, y que debe adentrarse “en el mar digital, afrontando la navegación abierta con la misma pasión que desde hace dos mil año gobierna la barca de la Iglesia”.
“Más que por los recursos técnicos, aún necesarios, queremos cualificarnos habitando este universo con un corazón creyente, que contribuya a dar un alma al ininterrumpido flujo comunicativo de la red”. Cada cristiano que trabaja en los medios de comunicación, explicó, tiene la misión de “allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus verdaderas necesidades espirituales”. Hay que ofrecer “a los hombres que viven en este tiempo 'digital' los signos necesarios para reconocer al Señor", añadió el Papa.
Para concluir, exhortó a los profesionales de la comunicación a “no cansarse de nutrir en su propio corazón esa sana “pasión por el hombre” que se convierte en tensión a acercarse cada vez más a sus lenguajes y a su verdadero rostro”.
“Os ayudará en esto una sólida preparación teológica y sobre todo una profunda y alegre “pasión por Dios”, alimentada en el continuo diálogo con el Señor”, agregó.

lunes, 26 de abril de 2010

La misión de Iglesia, dar un alma al continente digital

El presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales promueve “testigos digitales”

ROMA, domingo 25 de abril de 2010 (ZENIT.org).- La Iglesia tiene la tarea de dar un alma al continente digital, no simplemente la de hacerse un espacio en el mismo, y para ello son necesarios "testigos digitales", explica el hombre a quien Benedicto XVI ha encomendado la pastoral de la comunicación.
El arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, ha presentado este objetivo en el congreso que lleva precisamente por tema "Testigos digitales" (http://www.testimonidigitali.it), organizado por la Conferencia Episcopal Italiana, en Roma, del 22 al 25 de abril.
Se trata de un encuentro que tiene lugar ocho años después de otro congreso de características similares y que marcó decididamente la manera de comunicar de la Iglesia en Italia e incluso fuera de sus fronteras.
"Hoy nos encontramos como explorando un nuevo mundo", reconoció monseñor Celli. Ahora ya no se presta tanta importancia al medio, cuando "al protagonista de la comunicación, el testigo".
"Un testigo --añadió--, que mientras tanto se ha convertido en digital, subrayando en este dato técnico una transformación que no es sólo trasformación. Realmente se abre y desvela cada día un mundo nuevo ante nuestros ojos".
No se trata sólo de cambios comunicativos, advirtió, "cambio de ritmo en las relaciones que el conocimiento y el saber humano han entretejido desde siempre con la sociedad civil", subrayó.
"Hoy, sin caer en el riesgo de ser banales, no se puede seguir hablando de la importancia de los medios de comunicación. La vida, los acontecimientos, todo esto que nos rodea son un continuo e incesante recordatorio: los medios se han metido ya y de muchas maneras en nuestra vida y con frecuencia no sólo la orientan, sino que a condicionan, reclaman por así decir una consideración que les corresponde por derecho".
Por este motivo, monseñor Celli considera que ahora la atención principal hay que ponerla en el ser humano, "que ha corrido el riesgo de ser aplastado por la invasión de las nuevas tecnologías y a quien se le pide retomar plenamente su propia responsabilidad".
Hoy, añadió el arzobispo, "no estamos llamados a ser simplemente ciudadanos, quizá perdidos o sólo llenos de maravilla, en el continente digital. Nuestra tarea tampoco es la de ocupar cualquier espacio y hacernos presentes porque no se puede hacer otra cosa".
"Estamos llamados, más bien, a dejar huella visible --subrayó--, huellas reconocibles que hagan pensar por los trazos que hemos dejado precisamente en nuestra presencia".
"Si la red por definición es virtual, nos corresponde la tarea de hacerla concreta, de darle profundidad, de ofrecerle en cierto sentido alma y, por tanto, vida".
"Como los primeros apóstoles se echaron a los caminos entonces conocidos del mundo, de este modo la red tendrá que servirnos para difundir la Buena Noticia", que no es sólo una "imagen poética".
"Ciertamente tenemos necesidad de estar bien equipados con conocimientos, y por tanto a nosotros nos corresponde conocer hoy los caminos y movernos con seguridad --indicó--. Pero por encima de todo se nos pide hoy tener clara la meta y conocer a fondo los objetivos".
A los "testigos auténticos y valientes", dijo, citando del mensaje que ha enviado Benedicto XVI con motivo de la XLIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, el continente digital les debe "allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención por las personas y sus verdaderas necesidades espirituales".
Esto significa, indicó, ejercer "la diaconía de la cultura digital, que se presenta hoy como un servicio no sólo útil, sino necesario, subrayando la dimensión antropológica de todo el fenómeno de la comunicación", pues el desafío no es el de utilizar instrumentos, o máquinas, sino dar un alma.
El prelado concluyó de este modo haciendo referencia al "patio de los gentiles" que ha pedido Benedicto XVI, ese espacio en el que la Iglesia pueda entablar un diálogo con creyentes en otras religiones o no creyentes, como sucedía en el templo de Jerusalén.
"Creo que el Papa nos invita a un diálogo a 360 grados, abierto a todo hombre" y "que deberíamos reflexionar sobre la vocación de nuestros medios de comunicación en casa. No son escuelas de fundamentalismo religioso, sino que quieren ser verdaderos momentos de encuentro, de diálogo, de escucha vivida en el respeto, pero también en la autenticidad de lo que somos".

domingo, 25 de abril de 2010

Ataques contra el Papa... detengámoslos

RELIGIÓN Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
La carrera por hacer titulares ha llevado a algunos medios a mentir, falsear y calumniar. Un diagnóstico de la prensa, al menos de la aquí citada, apunta a su triste y vergonzoso ocaso.

El abuso de los abusos. Historia de una deficiente gestión mediática. Omisiones, tergiversaciones, calumnias, falsedades, fantasías e invenciones con un objetivo: el Papa

Han pasado cinco años desde la publicación de aquella conocida portada del periódico The Mirror que, tras la elección del cardenal Joseph Ratzinger como Papa, decía “God´s Rottweiler” (El rottweiler de Dios). Ya por entonces, los diferentes titulares, de carácter más bien hostil, presagiaban la relación que ofrecerían la mayoría de la prensa laica mundial a aquel que como cardenal ya habían tratado severamente mal.

A lo largo de este lustro, Benedicto XVI se ha enfrentado a no pocas crisis mediáticas. Entre las más significativas han estado: 1) el hecho de ser de origen alemán y por eso, ipso facto, tacharlo de “nazi”; 2) la lección magistral de septiembre de 2006 en la universidad de Ratisbona, de donde se extrapoló una parte del discurso y se ocasionó la ira islámica; 3) en enero de 2008, la negativa de una mínima parte del claustro de profesores y estudiantes de la universidad de La Sapienza, en Roma, para que el Papa inaugurase el año académico (a raíz de una interpretación errada de un discurso sobre Galileo que, como cardenal, habría pronunciado Ratzinger en la misma institución); 4) el levantamiento de la excomunión a los obispos “lefebvristas” de inicios de 2009 y la desconocida opinión de uno de esos obispos, Richard Williamson, sobre el holocausto hebreo; y, por último, 5) el revuelo a raíz de la respuesta del Papa al periodista de France 2 sobre el condón, en el vuelo rumbo a Angola de marzo de 2009.

Pero quizá ninguna otra crisis haya sido tan mordaz como la del tema de los abusos por parte del clero católico. Sin minusvalorar la tristísima realidad de hechos comprobados y siempre reprobables en este campo, la prensa ha buscado no sólo exprimir y generalizar hasta la saciedad las debilidades de algunos miembros de la Iglesia, sino también involucrar y manchar la imagen de Benedicto XVI.

Ya el 1 de octubre de 2006 se había dado el primer intento cuando la BBC puso al aire “Sex crimen and the Vatican”, un programa de unos 40 minutos lleno de delicados errores claramente porráceos que, además, denotan palmariamente su mala intención en el afán del desprestigio del Papa. Mal utilizando documentos de la Iglesia (“Crimen sollicitationis” y la carta “Ad exequenda”), sirviéndose de viejos filmes y entrevistas no datadas, el programa adultera, deforma e interpreta a su antojo la información.

Uno de los más penosos errores fue afirmar que Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI, es el autor de “Crimen sollicitationis”, documento aparecido en 1962 y preparado por la entonces Congregación para el Santo Oficio, hoy Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF en adelante). Así, el programa mal informa sobre el autor (Joseph Ratzinger por entonces ni siquiera vivía en Roma ni mucho menos era prefecto) y el contenido......

.....El abuso mediático del tema de los abusos plantea la seria consideración del tipo de periodismo que se hace actualmente en buena parte de los medios de comunicación de mayor trascendencia. Las informaciones parecen haber abdicado de la necesidad de investigaciones serias, fuentes contrastadas y contenidos veraces. Crear morbo, vender y calumniar parece ser la pauta a seguir. No sé si muchos de los medios referidos en este análisis sean verdaderamente anticristianos, pero sí sé que no han hecho periodismo.

"Es urgente tomar conciencia del daño que podría hacer este tipo de periodismo mediocre... Sabemos que nuestra querida Iglesia es santa y pecadora a la vez, pero no dejemos que unos cuantos hijos de las tinieblas nos confundan y hagan que olvidemos que pertenecemos a una familia que está llamada a ser SAL Y LUZ de la tierra. No caigamos en la ingenuidad, y sepamos hacer frente en forma objetiva a las acusaciones contra nuestra familia y sobre todo contra nuestros querido Papa... como decía la comunidad de jóvenes de la JMJ Madrid "Sepamos dar la cara por el Papa"

viernes, 23 de octubre de 2009

Bondad de nuestra querida Iglesia católica... ojalá lo sea con todos y todas...


Arzobispo anglicano: Nuestras oraciones han sido escuchadas
Buena acogida del ofrecimiento, por parte del Papa, de los ordinariatos personales

BLACKWOOD, miércoles 21 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- Las oraciones de los anglicanos que deseaban entrar en plena comunión con la Iglesia católica han sido más que respondidas.

Lo señaló este martes el primado de la Comunión Anglicana Tradicional, el arzobispo John Hepworth (Balckwood, Australia del sur), en un comunicado de respuesta al anuncio del Vaticano de que Benedicto XVI permitirá a anglicanos entrar en plena comunión con la Iglesia católica preservando elementos de la tradición espiritual y litúrgica anglicana.

Esta política se ha establecido en una constitución apostólica de próxima aparición, y responde a las peticiones de los anglicanos que han expresado su deseo de adherirse a la Iglesia católica, especialmente porque la tradición anglicana continúa avanzando hacia la apertura de su sacerdocio y su episcopado a las mujeres y a las personas que mantienen relaciones homosexuales, y la bendición de las uniones entre personas del mismo sexo.

Entre veinte y treinta obispos anglicanos han formulado esta petición.

La constitución apostólica fue anunciada en una rueda de prensa en el Vaticano este martes, ofrecida por el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal William Levada.

Monseñor Hepworth, que también gobierna la diócesis de Australia de la Iglesia Católica Anglicana en Australia, afirmó que la Comunión Tradicional Anglicana está “profundamente conmovida por la generosidad del Santo Padre, el Papa Benedicto XVI”.

Dedicado a la unidad

“Él ofrece en esta constitución apostólica los medios para que “antiguos anglicanos entren en plena comunión con la Iglesia católica” -explicó Hepworth-. Él espera que nosotros podamos 'encontrar en esta estructura canónica la oportunidad de preservar esas tradiciones anglicanas preciosas para nosotros y compatibles con la fe católica'”.

“Él afirma entonces afectuosamente: 'estamos contentos de que esos hombres y mujeres traigan consigo sus particulares contribuciones a nuestra vida de fe común'”, aprecia el prelado.

“Primero quería decir que éste es un acto de gran bondad por parte del Santo Padre -continuó-. Él ha dedicado su pontificado a la causa de la unidad”.

“Esto es más de lo que corresponde a lo que, en sueños, nos atrevimos a incluir en nuestra petición hace dos años -añadió-. Es más de lo que corresponde a nuestras oraciones”.

“En estos dos años, hemos sido muy conscientes de las oraciones de nuestros amigos de la Iglesia católica -afirmó monseñor Hepworth-. Quizás en sus oraciones se atrevieron a pedir incluso más que nosotros”.

El arzobispo dijo que tomaría la oferta del Santo Padre para cada uno de los sínodos nacionales de la Comunión Anglicana Tradicional.

Ahora, la Santa Sede nos desafía a buscar, en las estructuras específicas que están ahora disponibles, la “unidad plena, visible, especialmente la comunión eucarística”, por la que hemos rezado y sobre la que hemos soñado durante mucho tiempo. Este proceso empezará enseguida, afirmó.

Destacando que el Oficio anglicano de Laudes incluye el himno de agradecimiento Te Deum, monseñor Hepworth añadió: “El himno está hoy en nuestros labios con sincero agradecimiento a Dios Todopoderoso, el Señor y la fuente de toda paz y unidad”.

“Éste es un momento de gracias, quizás incluso un momento histórico -afirmó-, no porque el pasado se haya borrado, sino porque se ha transformado”.

ANTE ESTO, ESTOY MUY DE ACUERDO, PERO ABRO AL DEBATE... ¿ES TÁN GRAVE QUE LA MUJER PUEDA ACCEDER AL SACRAMENTO DEL ORDEN SAGRADO?... ME UNO ANTE LAS OTRAS MOTIVACIONES DEL CAMBIO A LA IGLESIA CATÓLICA,PERO ESTA EN PARTICULAR NO ME PARECE, PERSONALMENTE HABLANDO, UNA JUSTIFICACIÓN VÁLIDA... ¿SERÁ QUE NUESTRA QUERIDA IGLESIA CATÓLICA ALGÚN DÍA HARÁ CONCRETA SUS PALABRAS ACERCA DE LA NO DISCRIMINACIÓN DE GÉNERO QUE PROCLAMA, Y DEJARÁ DE DISCRIMINAR A LA MUJER EN CUANTO AL SACERDOCIO?... PARA LO CUAL ES SABIDO QUE NO EXISTE NINGÚN ARGUMENTO TEOLÓGICO SERIO.... La suor che ama a Dio