jueves, 20 de enero de 2011

Mujeres iluminando el mundo

Sheila Morataya-Fleishman

ILUMINAR: alumbrar, dar luz.
Sinónimo: ilustrar, esclarecer, aclarar, inspirar.

Mujeres iluminando el mundo, ¿qué te dice? ¿en qué piensas? ¿Qué es ser "mujer" en nuestros días, y ¿qué es iluminar ? Te invito, a que con calma reflexionemos a través de la historia:

-César en el siglo I antes de C. pensaba que un millón y medio de galos muertos no era un precio demasiado alto para reinar en Roma.
-En 1917 Lenin, pensaba que seis millones de muertos no era un precio demasiado alto para la revolución.
-En 1945 Adolfo Hitler, pensaba que seis millones de judíos muertos no eran un precio demasiado alto para mantener "pura" la raza.
-Entre 1939 y 1945 los nacionalistas pensaban que cincuenta millones de muertos en una guerra mundial no era un precio demasiado alto para la supremacía de Alemania.
-En 1991 cien mil mujeres y niños árabes muertos no parecen ser un precio demasiado alto para las ideas norteamericanas de un "nuevo orden" en el Golfo.
En el Sudán cientos de niños hambrientos, caminan casi sin poder sostenerse en sus piernas para poder ser admitidos en uno de los centros de alimentos. El que sea admitido o no, determinará su supervivencia o muerte. La guerra civil lleva 15 años y nunca, como a las puertas del nuevo siglo habrá mayor cantidad de hambrientos en el mundo.

Estas son sólo algunas de las guerras por las cuáles la humanidad ha tenido que pasar en nuestro siglo y en los anteriores en nombre de la paz. Para hablar de revolución interna y de revolución en el corazón de una mujer es preciso colocarla antes frente a su realidad, no únicamente su entorno, su país, sino su realidad a nivel de la humanidad. Para poder iluminar el mundo, iluminarlo de verdad es preciso llegar a las raíces de nuestra misma humanidad y analizar como el mismo hombre a través de los siglos ha ido causando su propia destrucción. En el caso de la mujer en específico, la vida moderna y el desarrollo material han provocado cambios importantes. La mujer es quien ha sido más liberadas pero al mismo tiempo reprimida y mal encauzada. Para volver a nuestra identidad y ser efectivas en nuestro papel como tales necesitamos conocer nuestra naturaleza y nuestra especial vocación.

Sólo así podremos dar al mundo nuevas generaciones cuya característica innata será el amor.

“El desarrollo personal es un compromiso mucho más alto que el sacrificio personal. Lo que más ha retrasado y milita aún contra el desarrollo femenino es el auto-sacrificio.” - Elizabeth Stanton

¿Es el auto-sacrificio una cuestión de modernidad?

“…el click: el reconocimiento, ese paréntesis de verdad que completa el rompecabezas de la realidad en la mente y en el corazón de una mujer; el momento que hace desatar una carga eléctrica a lo largo de tu cuerpo, despierta a nuestra alma e indica que la revolución ha comenzado.” - Sheila Morataya - Fleishman.
¿Estoy consciente de mi compromiso para con la sociedad?

“Desde el momento que el alma de una mujer tiene la gracia de conocer a Dios debe buscar.” - Teresa de Calcuta.
¿Cómo estoy buscando a Dios en mi vida diaria?

“Ahora todo se fusiona, cae en su lugar, desde el deseo hasta la acción, la palabra al silencio, mi trabajo, mi tiempo, mi rostro reunidos en un solo intenso gesto de crecer como una planta.” - May Sarton.

¿Cuánto medito cada día para hacer del mundo un lugar espléndido y soberano?

“Estamos en el mundo para servir a la humanidad.” - Edith Stein.

¿Cómo estoy haciendo para hacer esto realidad en la vida de los míos?

La autora norteamericanana, Joan Borysenko en su libro “A woman"s Book of life” hace una investigación profunda dentro de la psicología, biología y espiritualidad de la mujer. Se le hizo la siguiente pregunta a más de diez mil mujeres: Si pudieras retroceder el tiempo de tu vida y usar mejor tu juventud, ¿qué pedirías? La respuesta fue una: sabiduría para poder tomar las decisiones que siempre afectarán a otros. La sabiduría, es algo que debemos pedir constantemente a Dios en nuestras oraciones o meditaciones personales. La mujer de hoy, muchas veces está sumergida en ella misma y se olvida de su deber social más grande: servir a la humanidad. A todas nos une esa especial espiritualidad que sobrepasa las barreras religiosas y que se convierte en una potencia iluminadora que va más allá de las fronteras que nos separan.
La gran labor de nuestra vida consiste en algo mucho más importante que ganar dinero; encontrar una pareja; tener una carrera; criar niños; estar guapa; alcanzar la salud psicológica o desafiar el envejecimiento, la enfermedad y la muerte. La gran tarea que nos aguarda es el reconocimiento de lo sagrado de nuestra misión cotidiana, día a día, vivir conscientemente y con una expresión de profunda gratitud por las maravillas de Dios y su Creación.

lunes, 17 de enero de 2011

Beatificación de Juan Pablo II, acontecimiento sin precedentes

Por Giovanni Maria Vian


La beatificación de Juan Pablo II, que su sucesor presidirá en el aniversario litúrgico de su muerte, es un acontecimiento histórico sin precedentes. En realidad, es preciso remontarse al corazón de la Edad Media para encontrar ejemplos análogos, pero en contextos no comparables a la decisión de Benedicto XVI: en los últimos diez siglos ningún Papa ha elevado al honor de los altares a su inmediato predecesor.

Pietro del Morrone (que fue Celestino V) fue canonizado en 1313, menos de veinte años después de su muerte, por su tercer sucesor; más de dos siglos antes se reconoció casi inmediatamente la santidad de León IX y de Gregorio VII, que murieron respectivamente en 1054 y 1085. No por casualidad al inicio de aquel papado reformador celebrado pocos decenios más tarde en el oratorio lateranense de San Nicolás a través de la representación de algunos Pontífices contemporáneos definidos cada uno sanctus.

Sobre la sobriedad hagiográfica de la Iglesia romana -que venera como santos casi sólo a los papas de la edad más antigua- intervinieron después las modificaciones innovativas de la modernidad, con las decisiones tomadas en los últimos treinta años del siglo XIX y luego, sobre todo, con las de Pío XII y del propio Juan Pablo II. Así se reconoció el culto de algunos Pontífices medievales y fueron elevados al honor de los altares Pío X, el último Papa santo, Inocencio XI, Pío IX y Juan XXIII.

En el centro de toda causa de beatificación y canonización está exclusivamente la ejemplaridad de la vida de quien, con expresión de la Sagrada Escritura, es definido al servicio de Dios. Para asegurar a la historia -como dijo Pablo VI al anunciar la introducción de las causas de sus dos predecesores inmediatos- "el patrimonio de su herencia espiritual", más allá de "cualquier otro motivo que no sea el culto de la verdadera santidad, es decir, la gloria de Dios y la edificación de su Iglesia".

Y auténtico servidor de Dios fue Karol Wojtyla, testigo apasionado de Cristo desde su juventud hasta su último aliento. Muchísimos, incluso no católicos y no cristianos, se dieron cuenta de esto durante su vida ejemplar; esto lo documenta su testamento espiritual, escrito en varias etapas en los años de pontificado; por esto ya el 28 de abril de 2005, menos de un mes después de su muerte, su sucesor dispensó de los términos prescritos para el inicio de la causa; y por esto ha decidido presidir su beatificación: para presentar al mundo el modelo de la santidad personal de Juan Pablo II.

martes, 28 de diciembre de 2010

Que disfrutes de los recursos!!!!



En este humilde blog, que por cierto, por falta de tiempo no he podido actualizar todo lo que quisiera, ya contas con algunos recursos que te podrían ayudar en la pastoral o simplemente para tener un momento de reflexión o silencio interior, cliklealos y descargalos que están ahi para vos...


Ahhh y para aquellos o aquellas que se quedaron con las ganas de escuchar la canción Por ser mujer

aqui la tienes.. MUJER Y DIOS

 

martes, 2 de noviembre de 2010

La muerte, ¿tragicomedia o realidad esperanzada?

Por monseñor Francisco Gil Hellín, arzobispo de Burgos

Nosotros celebramos el cumpleaños el día de nuestro nacimiento. Y, cuando se pregunta a los feudos por la fecha de nacimiento del familiar difunto, remiten también a ese día. La Iglesia, en cambio, procede de otro modo. Para ella, "el día del nacimiento" de sus hijos -el dies natalis- es el día de la muerte. Eso explica que cuando declara que alguno de ellos es santo, fija su celebración el día de su muerte, no el de su nacimiento.
Este modo de proceder no es una rareza ni un afán de singularizarse, sino que responde a la idea que ella tiene de la muerte. La Iglesia es consciente de que el hombre, como todos los seres vivos de la tierra, cambia con el paso de los años, envejece y, al final, siente en su carne la muerte corporal. Pero ella, a diferencia de quienes tienen una concepción materialista del mundo y del hombre, profesa que la muerte no es el final del hombre sino el final de su etapa terrena y de su peregrinación por este mundo. Es el final del caminar terreno pero no el final de nosotros mismos, de nuestro ser: nuestra alma es inmortal y nuestro cuerpo está llamado a la resurrección al final de los tiempos.
La concepción que la Iglesia tiene de la muerte es, pues, profundamente esperanzada. Me atrevería a decir que es incluso gozosa. Ella no ve en la muerte una tragedia que nos destruye y sepulta en el reino de la nada, sino la puerta que nos abre a una nueva vida; vida que no tendrá fin. Por eso, el máximo enigma de la vida humana, que es la muerte, queda iluminado con la certeza de una eternidad con Dios. Apoyada en esta certeza creó muchos usos y prácticas funerarias. Por ejemplo, sustituyó el término "necrópolis" -"ciudad de los muertos"- que encontró en el ámbito del imperio grecorromano, por el de "cementerio" o "dormitorio". En esa perspectiva llegó a sustituir el mismo término "muerte" por el de "sueño". Las personas no se morían sino que se dormían.
Por esa misma razón trató con gran respeto a los cadáveres. Algunas de esas muestras perduran hasta el día de hoy, como la de rociarlos con agua bendita y perfumarlos con incienso. La misma costumbre de inhumar y no quemar los cadáveres arranca de esta misma concepción antropológica. De hecho, aunque hoy permite la cremación de los cadáveres, sin embargo exige que esa elección no se haga por razones contrarias a la fe cristiana, a la cabeza de las cuales se encuentra la resurrección de los muertos.
Esta idea de la vida y de la muerte del hombre es una fuente inagotable de consuelo. Una esposa o una madre, por ejemplo, dicen a su cónyuge o a su hijo mas que "adiós", "hasta luego" o "hasta pronto", sabedores de que un día volverán a encontrarse. El ramo de flores que depositamos en la tumba de nuestros antepasados, expresa nuestro convencimiento de que ellos perviven y de que nosotros nos sentimos unidos a ellos con vínculos realísimos. Lo mismo ocurre con el diálogo que tantas veces mantenemos con ellos: no es un sentimentalismo vano, sino que responde a una realidad muy profunda.
La comunión de vida, afectos y creencias que hemos mantenido en la vida, no se destruyen sino que se subliman; por eso, rezamos por nuestros difuntos y por eso rezamos a nuestros difuntos. Esta comunión es particularmente intensa en la celebración de la Eucaristía, pues en ella nos unimos con vínculos especiales todos los que somos miembros de Cristo, con independencia de que peregrinemos todavía en este mundo o hayan llegado ya al final y se purifiquen o gocen de la visión de Dios.
La muerte no es nunca una comedia. Menos todavía, una tragicomedia. Para quienes creemos en Jesucristo una puerta de fe y esperanza que nos introduce en el encuentro definitivo con él y con todos los que hemos estado unidos aquí abajo. Sólo por esto vale la pena ser cristiano.

Silenciar la voz de la religión

Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel

VER

Estamos enfrascados en una serie de discusiones repetitivas sobre el papel de la religión en la vida pública, en la política y la economía, en los ámbitos legislativos y judiciales, en la educación y en los medios de comunicación. Son frecuentes las acusaciones a nuestra Iglesia de querer imponer dogmas y normas al país, de pretender intervenir en asuntos políticos, de violar el Estado laico, de no respetar la separación Iglesia-Estado, y nos recuerdan lo dicho por Jesús de que "al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", como si les importara mucho la Palabra de Dios, o como si nosotros fuéramos los desobedientes al mandato divino, o como si nos tuviera que dejar inactivos y callados la pretensión de algunos césares actuales (gobernantes, líderes políticos y legisladores) de creerse dioses, ante quienes todos deben doblar la rodilla. Ellos son los primeros en no darle a Dios lo que es de Dios.
Es más frecuente la postura de aquellos que siguen defendiendo que su fe es para su vida privada y que nada tiene que ver con el ejercicio de sus funciones públicas. Lo dicen con una real convicción, como si conocieran muy a fondo lo que implica la fe cristiana, que no se puede encerrar en el círculo íntimo de la conciencia y del hogar, sino que engloba toda la vida, todos los criterios y todos los comportamientos. Esto parece más bien fruto de ignorancia religiosa o de conveniencia electorera.

JUZGAR
En su muy reconocido discurso ante el Parlamento británico, el Papa Benedicto XVI expresó: "El mundo de la razón y el mundo de la fe -el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas- necesitan uno de otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización.
En otras palabras, la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional. Desde este punto de vista, no puedo menos que manifestar mi preocupación por la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia. Hay algunos que desean que la voz de la religión se silencie, o al menos que se relegue a la esfera meramente privada. Hay quienes esgrimen que la celebración pública de fiestas como la Navidad debería suprimirse según la discutible convicción de que ésta ofende a los miembros de otras religiones o de ninguna. Y hay otros que sostienen -paradójicamente con la intención de suprimir la discriminación- que a los cristianos que desempeñan un papel público se les debería pedir a veces que actuaran contra su conciencia. Éstos son signos preocupantes de un fracaso en el aprecio no sólo de los derechos de los creyentes a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, sino también del legítimo papel de la religión en la vida pública. Quisiera invitar a todos ustedes, por tanto, en sus respectivos campos de influencia, a buscar medios de promoción y fomento del diálogo entre fe y razón en todos los ámbitos de la vida nacional" (17-IX-2010).
Y en su encuentro con la Reina Isabel II, dijo: "Al reflexionar sobre las enseñanzas aleccionadoras del extremismo ateo del siglo XX, jamás olvidaremos cómo la exclusión de Dios, de la religión y de la virtud en la vida pública, conduce finalmente a una visión sesgada del hombre y de la sociedad y, por lo tanto, a una visión restringida de la persona y de su destino" (16-IX-2010).

ACTUAR
Alentamos a los que tienen responsabilidades políticas y sociales, si se reconocen creyentes en Cristo, que se acerquen más a El ahora, y no se queden con el Bautismo y quizá la Primera Comunión de cuando eran niños. Que lo conozcan y se relacionen más con El. El no es enemigo, sino amigo, camino, verdad, luz y vida. No escondan su creencia, sino demuéstrenla, no sólo participando en la Misa dominical y en otros ritos, sino sobre todo ejerciendo la justicia social, amando por encima de todo la verdad, venciendo la corrupción, dialogando con quienes piensan distinto, para llegar a acuerdos consensuados, amando y sirviendo a los pobres.




lunes, 6 de septiembre de 2010

La Jornada Mundial de la Juventud en Madrid renovará la Iglesia


Entrevista del ZENIT.org con el sacerdote que organiza desde Roma esas Jornadas Mundiales de 2011
En virtud de este cargo, el sacerdote francés Eric Jacquinet, está dando seguimiento desde el Vaticano a la preparación de esas Jornadas que tendrán lugar el próximo mes de agosto.

--El Papa ha escrito una encíclica sobre la caridad y una sobre la esperanza, ¿por qué ha optado ahora por afrontar con los jóvenes el tema de la fe?
--Padre Eric Jacquinet: El Papa presta mucha atención a la situación de los jóvenes en el contexto actual. Sabe que la juventud es un período caracterizado por grandes aspiraciones. En este sentido, ofrece un testimonio personal muy impactante, en este mensaje, recordando su propia juventud, su aspiración a una vida grande y bella, en momentos de la dictadura del nacional-socialismo. Ahora constata que muchos jóvenes están desilusionados y sin puntos de referencia para edificar sus vidas. Y el Santo Padre está convencido de que es el resultado de una cultura occidental marcada por tres males: el eclipse del sentido de Dios, el relativismo y el nihilismo. Como respuesta, el Papa ofrece a los jóvenes una visión positiva de la existencia, basada en la fe en Dios.

--¿Cómo articula el Papa esta propuesta?
--Padre Eric Jacquinet: Para hablar de la fe, el Papa utiliza dos imágenes presentes en el tema: la del árbol arraigado y la de la casa edificada sobre cimientos. Así como el árbol necesita raíces para vivir y resistir a la intemperie, del mismo modo el Papa invita a los jóvenes a encontrar en Cristo el manantial de su vida. Y así como la casa sólo es sólida si se basa en cimientos estables, del mismo modo nuestras vidas sólo se edifican de manera duradera sobre la Palabra de Dios, acogida con la Iglesia. La fe en la Palabra de Cristo es, por tanto, el antídoto a los venenos del eclipse de Dios, del relativismo y del nihilismo, con su cohorte de consecuencias negativas para la vida de los jóvenes. El Papa les exhorta a entrar en comunión profunda con Cristo, en quien encontrarán la vida.

--¿Cuál es, según usted, el punto clave de este mensaje del Papa a los jóvenes del mundo?
--Padre Eric Jacquinet: El tema de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid está tomado de la carta de Pablo a los Colosenses, pues éstos estaban contaminados por filosofías religiosas que desviaban a los cristianos del Evangelio. El Papa constata que nos encontramos en la misma situación. Una corriente laicista quiere excluir a Dios de la vida pública y corrientes religiosas anuncian una felicidad sin Cristo. Como hacía san Pablo, el Papa recuerda que el camino de la felicidad pasa por la salvación de la Cruz de Cristo y que las demás propuestas no son más que ilusiones. Benedicto XXVI lleva, por tanto, a los jóvenes a encontrar a Cristo en la Cruz, con palabras muy fuertes: "la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el 'sí' de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna [...] Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva". Luego mostrará cómo el apóstol Tomás, que nos representa muy bien, pasó de la duda a la fe en Cristo muerto y resucitado.

--¿Cómo pueden llevar a la práctica los jóvenes durante este año la enseñanza del Papa?
--Padre Eric Jacquinet: Durante todo este año, se invita a los jóvenes a reunirse en grupos pequeños, en sus parroquias, capellanías, movimientos, grupos de oración, para meditar esta carta. ¿Por qué no leer un párrafo al mes, pidiendo a cada joven que reflexione con anticipación sobre algunas preguntas para dejar espacio después a un momento de intercambio?

--En el año 2010, la Jornada Mundial de la Juventud ha celebrado sus 25 años: Benedicto XVI ve "una iniciativa profética que ha dado abundantes frutos". ¿Cuáles son estos frutos?
--Padre Eric Jacquinet: Los frutos son muy numerosos. Ante todo, para algunos jóvenes, son un lugar de experiencia espiritual, de descubrimiento de la presencia de Cristo vivo. Por otra parte, es una experiencia eclesial muy fuerte. Encontramos a jóvenes católicos, sólidamente arraigados en Cristo, procedentes del mundo entero. Los sacerdotes y obispos (que ofrecerán las catequesis) también se acercan a los jóvenes. Esto refuerza considerablemente el lazo de los jóvenes con Cristo y con la Iglesia. Y muestra al mundo entero una imagen renovada y hermosa de la Iglesia. De hecho, las Jornadas Mundiales de la Juventud existen porque hay jóvenes que se comprometen como voluntarios de toda la organización, ya sea en el país de origen, ya sea en el país de acogida. Estos jóvenes luego siguen comprometiéndose al servicio en la Iglesia. Las Jornadas Mundiales de la Juventud han generado, también, numerosas vocaciones consagradas y sacerdotales. Por último, se puede decir que para el país de acogida, la Jornada Mundial de la Juventud es una gran bendición. Dado que exigen el compromiso de todas las realidades eclesiales, la Jornada Mundial de la Juventud es la oportunidad para una renovación profunda de la Iglesia, de las parroquias, de los grupos de jóvenes, en el país de acogida.
--A veces se dice que las Jornadas Mundiales de la Juventud son un acontecimiento puntual, pero sin proyección ni continuidad posterior. Usted, ¿qué piensa?
--Padre Eric Jacquinet: En el Evangelio, los encuentros de los discípulos con el Resucitado son acontecimientos puntuales, de duración corta, pero que sin embargo han cambiado la vida de los discípulos y han dado fruto para la historia del mundo. Puede suceder lo mismo con algunos acontecimientos eclesiales, como es la Jornada Mundial de la Juventud. Además, cada Jornada Mundial de la Juventud no es un simple acontecimiento de cinco días. Es un proceso que se desarrolla en uno o dos años de preparación y que luego da frutos, si se saben recoger. En general, se puede decir que, durante estos 25 años, las Jornadas Mundiales de la Juventud han contribuido realmente a la formación de nuevas generaciones de católicos, que hoy están comprometidas en la Iglesia y en la sociedad. Y esto tiene un impacto mensurable en algunos lugares.

--¿Cómo se desarrollarán las Jornadas Mundiales de la Juventud?
--Padre Eric Jacquinet: La apertura tendrá lugar el martes, 16 de agosto, con una misa presidida por el arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela. El papa llegará el jueves, 18 de agosto. En las mañanas del miércoles, jueves y viernes tendrán lugar las catequesis, en unos 300 lugares, por grupos lingüísticos. El viernes, tendrá lugar el Vía Crucis, que sin duda será muy emocionante, como en cada ocasión. El festival de la juventud propondrá actividades culturales (exposiciones, espectáculos, debates, encuentros) todas la noches. El sábado por la noche, será el momento de la gran vigilia de oración y el domingo por la mañana, 21 de agosto, la misa de clausura. ¡No nos vamos a aburrir!

--El Papa sabe que habrá muchos jóvenes en Madrid. ¿Cómo inscribirse?
--Padre Eric Jacquinet: Es muy sencillo. La página web oficial (http://www.madrid11.com) permite inscribirse en grupo desde el 1 de julio. La idea es alentar a todos los jóvenes a unirse a un grupo, allí donde están, para viajar juntos. Puede ser un grupo de la parroquia o de la diócesis. También hay movimientos, comunidades y asociaciones que proponen viajar con ellos. Estos grupos proponen una primera escala en una diócesis española, en los días precedentes a la Jornada Mundial de la Juventud, para participar en un primer encuentro, acogidos en las parroquias y las familias, hasta el 15 de agosto. Todos los grupos se dirigirán luego a Madrid.

Santuarios marianos


El día 8 de setiembre se celebra la fiesta de la Natividad de la Virgen María, popularmente conocida como la Virgen de setiembre o también como la fiesta de las Vírgenes encontradas, aludiendo al hecho de que muchos santuarios marianos celebran el 8 de setiembre su fiesta patronal.

Estos santuarios marianos no son tan sólo vestigios del pasado. Tienen mucha vida. La gente acude a ellos, porque los sienten como una realidad espiritual muy propia, muy suya, como lo fue de sus antepasados, de sus abuelos y de sus padres. Nuestros cristianos visitan aquellos lugares sagrados y gustan de celebrar en ellos su fe y los acontecimientos más importantes de su vida cristiana.

En los santuarios marianos, la Virgen María está atenta a las peticiones de los peregrinos, los acoge e intercede eficazmente por ellos. Es muy normal encontrar allí exvotos que manifiestan muy bien esta actitud maternal de María hacia todos sus hijos.

Estos templos, como presencia de la Iglesia, contribuyen a la evangelización. Los visitan, también, personas no creyentes o bien alejadas de la Iglesia. Por ello, desde los santuarios, se debe intensificar todo aquello que pueda ayudar a ser más conscientes de la motivación religiosa y evangélica de las visitas.

En las bodas de Caná, María pidió la intervención eficaz de Jesús ante el problema de aquellos nuevos esposos: "No tienen vino". En Caná de Galilea tan sólo aparece un aspecto concreto de la indigencia humana, aparentemente pequeño y de poca importancia: faltaba el vino en el banquete. Pero esto tiene un valor simbólico. En los santuarios se presentan a María otras necesidades materiales y espirituales. María se sitúa entre su Hijo y las personas en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos. Se sitúa en medio, o sea, hace de mediadora. María intercede por nosotros.

Como en las bodas de Caná, María, de una u otra manera, dice a todos los peregrinos y visitantes: "Haced todo lo que Jesús os diga". María nos trae a Jesús y nos acerca a Él. Por ello, conviene redescubrir el sentido humano y cristiano de los santuarios marianos de nuestra tierra para poder visitarlos, buscando en ellos momentos de silencio, de reflexión y de oración, todo eso que el hombre de hoy no encuentra fácilmente en medio del ritmo estresado de la vida que lleva.

La fiesta del nacimiento de María se sitúa en el inicio de la presencia más plena de Dios en el camino humano. La Natividad de María nos anuncia ya el nacimiento del Salvador, la alegría de la Navidad. El nacimiento de la Madre, anuncia ya - como la aurora anuncia el día- el nacimiento del Hijo. El corazón y la mirada amorosa de María, el corazón y la mirada amorosa que acogieron al Hijo de Dios en este mundo, se dirige también hacia nosotros.

Una de las oraciones de la misa del 8 de setiembre, con la magnífica sobriedad de la liturgia romana, pide que "se alegre tu Iglesia y se goce en el Nacimiento de la Virgen María, que fue para el mundo esperanza y aurora de salvación".